• Juan Felipe Rodríguez

El tiempo y la casa: el valor del cambio

Es una necesidad intrínseca del ser humano modificar y apropiarse de sus espacios. Esto es visible desde la época de las cavernas, en donde las pinturas rupestres y todo tipo de expresiones eran la manera del ser humano de dar una respuesta a la vastedad del mundo y el paso del tiempo, modificando espacios y haciéndolos suyos para habitar el mundo de manera significativa. Se podría decir que nuestras casas son nuestras sólo cuando las modificamos y nos expresamos en ellas. El concepto de casa va más allá de una relación de posesión.


Las ciudades y los espacios contemporáneos son el resultado de necesidades e intereses pasados. Las formas en las que crecía la ciudad, el desarrollo de la economía y las tendencias de épocas pasadas dictan la manera en la que nos relacionamos con nuestros espacios hoy en día. Distribuciones que en algún momento resultaron ideales pueden hoy no serlo más, por lo que puede llegar a haber cierta lejanía con los espacios que se habitan. El tiempo avanza y la vida cambia, pero los espacios se mantienen estáticos.


Los edificios, y particularmente las viviendas, fueron diseñadas con propósitos que servían tiempos pasados, y al tener consciencia de la constante expansión de las ciudades, la falta de suelo edificable y los elevados costos de construcción, la idea de la renovación toma mucha relevancia tanto para generar espacios acordes con su tiempo como para elevar el valor comercial. La casa debe ser el reflejo del cambio constante del mundo.


Con el paso del tiempo, no sólo la forma en que funcionan las viviendas se ve desactualizada; los materiales y las técnicas de construcción pasadas son un factor igual de importante. No hay material o técnica que sea inmune al paso del tiempo, y en gran medida el deterioro de los materiales determina la pérdida de valor comercial de nuestras casas. La evolución de la tecnología es un factor crucial para mantener la vigencia de nuestras viviendas, pues la correcta aplicación de materiales y técnicas contemporáneas puede llegar a elevar su valor al mejorar aspectos como confort, bioclimática, ahorro de energía, y actualización de vocaciones espaciales.


El valor comercial de la casa es de gran importancia, sin embargo, la importancia de renovarla va mucho más allá. Cuando decidimos remodelar nuestra casa estamos plasmando en el espacio nuestros deseos, necesidades, inquietudes, gustos y demás aspectos que nos hacen ser quienes somos, y el poder identificarnos con un espacio es un aspecto fundamental en la experiencia humana.


Al decidir renovar las viviendas se puede llegar a tener muchas dudas. Por lo general se desconocen aspectos técnicos como el comportamiento de ciertos materiales para ciertas funciones, técnicas de construcción, costos y puede que se tengan algunas ideas de lo que se quiere lograr en un espacio, pero no la claridad para plasmarlas y hacerlas tangibles. La presencia de un arquitecto puede ser de gran ayuda para dar orden a las ideas y llevar a cabo proyectos de renovación integrales, que eleven el valor de la vivienda, tanto comercial como subjetivo.


El cambio es valor. Es valor económico y personal. Lo que en un principio puede parecer un costo innecesario se vuelve una inversión. Al renovar la casa se está invirtiendo en un bien que en vez de perder valor comercial con el tiempo, como es normal, está incrementando. Pero, sobre todo, se está llenando esa necesidad humana de conectarse con los espacios y apropiarse de ellos. Al renovar la vivienda y usar el espacio como medio de expresión construimos realmente nuestra casa, ese lugar donde nos sentimos seguros y libres.