• Juan Felipe Rodríguez

El espacio como herramienta de identidad de marca

Vivimos en un presente saturado de información y publicidad, tenemos mucho que decir y que ofrecer al mundo, y hoy más que nunca tenemos la facilidad de hacerlo. Estamos rodeados todo el tiempo de ofertas e ideas, tanto en el mundo digital como en el mundo físico, encontrando difícil que nuestra atención se centre en ideas o productos específicos pues no nos sentimos identificados, de hecho, solemos buscar mecanismos para blindarnos y evadir dichas ofertas.

Los mecanismos que creamos como respuesta a esta saturación buscan defender nuestra humanidad, pues el sistema económico y publicitario en el que estamos inmersos olvida que somos seres sensibles y se limita a darnos valores numéricos. Cuando nos abordan concibiéndonos como una cifra y esperando nada más a cambio que nuestro dinero se pierde toda suerte de experiencia humana, y es esta la razón por la que nos blindamos y nos cuesta generar una conexión con la oferta.

Estos problemas se han visto trasladados a la idea de “centro de ventas”, reflejada en los locales comerciales convencionales. Es necesario recuperar la humanidad dentro del sistema económico para generar mayores conexiones y sentido de pertenencia con los productos o servicios. Y en este sentido no hay herramienta más poderosa que el diseño del espacio, apuntando a las emociones y las relaciones humanas.

El término “centro de ventas” refleja el problema en sí mismo: es un lugar diseñado exclusivamente para vender, desde su concepción no hay aspectos humanos que ayuden a generar conexiones con los usuarios ni generar una identidad de marca.

El buscar separarse de la idea de “centro de ventas” implica abarcar tanto a compradores como a no compradores, el local comercial por lo tanto empieza a adquirir un carácter de espacio público comunitario, en donde el diseño es clave para llegar a las emociones del usuario y generar conexiones humanas. Las interacciones generadas en los nuevos espacios comerciales permiten generar nuevas ideas de operación constantemente, por lo que las experiencias y los productos ligadas a las mismas se irán renovando constantemente.

En Taller Origen proponemos desde nuestros diseños la resignificación del espacio comercial, que debe darse desde la idea de ofrecer experiencias más que productos, recuperando la conexión humana y estableciendo relaciones más estrechas con los usuarios. En este sentido, la forma de abordar diseño del local comercial y el rol del espacio comercial se vuelven fundamentales, pues al generar ambientes distintos y agradables se generan experiencias que quedan grabadas en la mente de los consumidores en estrecha relación con el producto o servicio que se ofrece.

Tomando la experiencia como factor fundamental en un diseño emocional, se puede generar una identidad de marca que va más allá de la imagen, conectándose con el aspecto más humano de los consumidores, y por lo tanto generando sentido de pertenencia con la marca. Un diseño de local comercial innovador, divertido y que fomente la socialización es clave para aumentar las ganancias de cualquier negocio en un mundo que no deja de ser abrumador por el exceso de información y oferta comercial.