• Hugo Alejandro Botia

Historias congeladas: vender una idea arquitectónica en una imagen

Construir una ciudad, un edificio o un mueble implica, inevitablemente, exponer, convencer y vender una idea sobre un valor estético, funcional, técnico o económico, necesario para que un proyecto de cualquier escala pase a la realidad y sea exitoso. Comprender y crear a partir de este entendimiento es una de las responsabilidades del diseño en cualquier campo.


A lo largo de la historia han surgido varías herramientas para vender ideas sobre proyectos arquitectónicos de diferentes escalas, desde un boceto hasta planos técnicos y renders, hoy en día parece ya no ser suficiente. La sobreoferta en el mercado laboral, la publicidad dirigida y la necesidad de vivir en la inmediatez ha hecho más complicada la tarea de encontrar un espacio óptimo para llegar a las personas y conectar ideas.


Así pues, no es suficiente mostrar planos detallados y renders realistas para comunicar la idea. Es fundamental ser creativo y tejer historias a partir de una imagen, incluir narrativas que identifiquen y toquen emocionalmente a los receptores, haciéndolos sentir identificados con su cotidianidad, con un ideal o con un sueño.


Es claro expresar que la arquitectura es más que formas y materiales. La arquitectura existe cuando alguien la habita, cuando el tiempo hace parte de ella y se convierte en un contenedor de momentos pasados y planeados, cuando evoca un recuerdo y cuando sirve para aislar o generar espacios de encuentro. Todo esto, a mi parecer, debe expresar una imagen para lograr atravesar el umbral del olvido y de la inmediatez de las redes sociales donde consumimos información sin filtro y sin ir más allá de la primera impresión.


Luego de pasar el golpe visual y el primer punto de atracción, la imagen debe ser coherente con una poética, tanto del proyecto como de la identidad del proyectista. Expresar un sentido de unión entre el discurso y lo que se muestra es fundamental para transmitir profesionalismo y seriedad además de buscar uniformidad con el resto de elementos que interactúan con ella como planos, textos, tonalidades y gamas de colores.


La técnica no es lo fundamental. Tanto un collage como un render hiper realista pueden cumplir el mismo propósito, lo importante es entender cuál va a tener más impacto al público dirigido y cuál va a representar mejor las ideas y conceptos principales. Al final, en eso se convierte una buena imagen, en una síntesis de lo que se proyectó en segundos.


En resumen, la imagen termina siendo una postura de creación colectiva, una narrativa visual estática en el tiempo que congela el movimiento de la cotidianidad, del clima, de las relaciones personales y el ecosistema en donde se incluye más que solo el hecho arquitectónico y busca vender una idea con un golpe de vista y emoción.


Más allá de hacer imágenes bonitas, lograr crear historias congeladas es la única forma de diferenciarse y resaltar.